viernes, 30 de agosto de 2019

Ficha 1: La atención a los alumnos y alumnas con necesidades educativas especiales (Galán y Echeita, 2011)


Autor: Felipe Garín Merino

Referencia APA: Galán, M. & Echeita, G. (2011) La atención a los alumnos y alumnas con necesidades educativas especiales. En E. Martín y T. Mauri (Coord.) (2011) Orientación Educativa. Atención a la diversidad y educación inclusiva (pp. 107 - 126). Barcelona: Graó.


Síntesis y Conclusiones

A modo de una primera aproximación al alumnado con discapacidad, trastornos graves de conducta y dificultades significativas de aprendizaje, es decir, necesidades educativas especiales (en adelante, n.e.e.), Galán y Echeita plantean que, durante la primera mitad del siglo XX, las personas con trastornos o déficits endógenos eran consideradas incurables. Posteriormente, en la segunda mitad del siglo XX, la perspectiva ambientalista-conductista reivindica su educabilidad y sus posibilidades de aprendizaje, debido a la relación de dependencia que se establece con el entorno. Así, en dicha época, surgen una serie de documentos legales, entre las que destacan: la Ley Danesa sobre Deficiencia Mental (en 1959), la Declaración de los Derechos Generales y Especiales de los Retrasados Mentales (ONU, en 1971), el Informe Warnock, derivado del Comité de Investigación sobre la Educación de Niños y Jóvenes Deficientes (en 1978), y la Declaración de Salamanca sobre Necesidades Educativas Especiales (UNESCO, en 1994). El principal aporte de estas iniciativas fue el tránsito desde la deficiencia/subnormalidad/minusvalía hacia una visión interactiva y contextual centrada en el compromiso con las posibilidades de aprendizaje de todos y cada uno de los alumnos. Una particular consecuencia fue extender las n.e.e. a cualquier alumno que, debido a su situación de vulnerabilidad o desventaja, precisara de ajustes singulares en su enseñanza.

Respecto al segundo acápite, comienza así: “¿No es imprescindible diagnosticar y etiquetar a los alumnos en situación de desventaja para saber cuántos hay y qué necesitan, y garantizar así la equiparación de oportunidades y la provisión adicional de recursos que se precisan para ello?” (pp. 9). Tales interrogantes dan pie para que los autores problematicen el concepto de n.e.e., planteando que éste conllevaría una inadecuada clasificación entre alumnos que deben recibir una educación ordinaria y aquellos que requieren una educación especial, abogando por una visión que preste atención a la diversidad del alumnado, la igualdad de oportunidades, la no-discriminación y la accesibilidad universal. De este modo, las n.e.e. serían consideradas como una barrera para la presencia, el aprendizaje y la participación del alumnado, es decir, las n.e.e., al cumplir la función de etiquetación del alumnado, serían un obstáculo para el desarrollo de prácticas inclusivas, generando bajas expectativas por parte del profesorado, además de restar atención a las dificultades y necesidades de los otros alumnos.

Tomando este análisis crítico como base, el tercer acápite hace referencia a las funciones de los orientadores al interior de los centros escolares, destacándose la tarea de emitir el denominado ‘dictamen de escolarización’, considerado como un informe fundamentado en una evaluación psicopedagógica que permita, por un lado, determinar la existencia de necesidades educativas especiales y, por otro lado, proponer las ayudas, los apoyos y las adaptaciones que cada alumno requiera. No obstante, la implementación de dicho informe psicopedagógico no ha demostrado ser eficiente, pues suele ocurrir que el profesorado los considera extensos, complejos, poco funcionales, interminables, incomprensibles y burocráticos. Lo anterior implica una sobrevaloración de la función normativa y acreditativa de la evaluación, así como el uso de criterios estrechos y restrictivos al evaluar el rendimiento, en detrimento de una función formativa o pedagógica. A este respecto, se plantea que las adaptaciones requeridas no deberían considerarse como reformas puntuales y/o aisladas, sino llevarse a cabo al unísono de una intervención más sistémica, integradora y global, realizada en base a un compromiso compartido por todos los implicados en el aprendizaje y el desarrollo de los alumnos, a saber, profesores, orientadores, el propio alumno, ya que tiene derecho a que su voz sea tenida en consideración, así como también quienes mejor conocen al alumno: su familia.


Comentario personal

El texto sugiere al lector una profunda reflexión respecto a la conceptualización y al trato del alumnado con necesidades educativas especiales. Pues no sólo plantea que la totalidad del alumnado, sin excepción, requerirá de apoyo o de atención a sus necesidades en algún punto de su trayectoria escolar, sino que enfatiza una perspectiva sociocultural que valore y reconozca una diversidad de características, identidades y/o aptitudes. Esto último puede considerarse un aporte fundamental si se lograra extrapolar a las condiciones estructurales de cada nación, de modo que podamos construir sociedades inclusivas e integradoras.


Citas textuales de interés

“Dejar de ser consideradas como sujetos pasivos, merecedores en todo caso de conmiseración y cuidado en instituciones separadas de su comunidad, a ser vistos como ciudadanos con derecho a una vida normalizada, digna y de calidad en los distintos ámbitos en los que nacen, se educan, crecen o viven.” (Schalock y Verdugo, 2003, en Galán y Echeita, 2011, pp. 3).

“El desarrollo evolutivo no es el resultado de un mero despliegue o maduración biológica, sino el producto de una compleja red de interacciones entre el sujeto y el ambiente social y físico que le rodea (…) donde han de buscarse las causas de la identidad psicológica individual, del perfil de desarrollo y de la capacidad de aprendizaje de cada cual.” (Coll, Marchesi y Palacios, 2001, en Galán y Echeita, 2011, pp. 5).

“Seguir hablando de alumnos con n.e.e. desvía la atención de los procesos de opresión y discriminación que experimentan los alumnos, refuerza una perspectiva esencialista, estática e individual (no sociocultural) respecto a los procesos de desarrollo y aprendizaje, y tiende a sacar del foco de la atención aquellas políticas, valores y procesos educativos de baja calidad, que, al interactuar negativamente, (…) son los que mantienen la desventaja y la exclusión” (pp. 11).

Sobre la evaluación psicopedagógica: “toma de decisiones compartida, en el que orientadores, profesores, alumnos y familias compartan la tarea y la responsabilidad (cada uno desde su conocimiento experto) de analizar la realidad dinámica de los procesos de enseñanza y aprendizaje, y la organización escolar en la que está implicado el alumno, para apoyar su proceso de inclusión educativa” (pp. 13).

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