Autora: Amanda González L.
Referencia APA: Durán, D. (2009). El aprendizaje entre alumnos como apoyo a la inclusión. En C. Giné (coord), La educación inclusiva. De la exclusión a la plena participación de todo el alumnado. Barcelona: Horsori.
Síntesis:
En este capítulo, el autor parte planteando la idea del aula como una comunidad participativa en la que todas y todos sus miembros aprenden por medio de un trabajo de mutua cooperación. Para ello, expone el aprendizaje cooperativo como una metodología para la inclusión en la medida que se vale de la diversidad en su potencial académico, en donde las diferencias individuales permiten interacciones que favorecen el aprendizaje.
A partir de esto, entonces, se propone también el reconocimiento y valoración de esas diferencias individuales -como la discapacidad o la interculturalidad- a través del trabajo y aprendizaje entre estudiantes en un contexto que se interesa, acepta y ocupa de sus capacidades y necesidades. Esto, agrega, permite la interacción en grupos inclusivos, generando en el aula una muestra de lo que podría ser una sociedad que valora la diversidad y en donde el aprendizaje cooperativo se trabaja como una herramienta que, desde el aula, permite pensarse como posibilidad para una transformación social.
En este sentido, se da cuenta del beneficio del aprendizaje cooperativo a través de estudios que lo posicionan como metodología para la inclusión de grupos con riesgo de ser excluidos, en donde se plantea el beneficio para estos -en ámbitos como el académico o socioemocional- de ser parte de dinámicas de tutoría, sobre todo en el rol de tutores, pues se asegura un aula inclusiva con participación efectiva.
Entonces, para lograr condiciones que permitan los valores de cooperación, se exponen seis factores que lo posibiliten. Los primeros dos hacen alusión al espacio, pues tanto la Oportunidad como el Clima Positivo se plantean para asegurar a las y los estudiantes en riesgo de exclusión la participación en los mismos lugares que el resto del estudiantado y generar en estos un reconocimiento a la diversidad. Asimismo, las cuatro restantes se erigen como necesarias para el desenvolvimiento de estudiantes en esos espacios, a saber, la Motivación para la Interacción en donde el aprendizaje se sitúa como experiencia que elimina los obstáculos que pueden obstaculizar la formación de una interacción; un Logro Académico que sea aceptado por las y los pares a partir de la facilitación de ayuda, apoyo que también debe darse para posibilitar el Mantenimiento y Generalización de las Relaciones vivenciadas en situaciones y con personas distintas a las del aula. Esto, teniendo en cuenta la promoción de aprendizaje entre iguales como manera práctica y reflexiva a través de las que estudiantes aprendan Competencia Social y Habilidades de Interacción básicas.
Estas son las condiciones que permiten el desarrollo de valores cooperativos en el aula, de los que el autor especifica tres: El Aula como Comunidad, al poder sentir al otro e involucrarse en sus dificultades y visualizarlas como propias. La Comunicación Abierta sobre las Singularidades de los Alumnos y las Actividades de Clase en la que estudiantes se vuelven partícipes en la búsqueda de soluciones de lo acontecido en el aula. Y la Disposición de Ayudas, en donde en vez de creer que la única ayuda posible es del profesorado, las y los estudiantes aprenden que pueden ayudarse mutuamente.
Se argumenta, en contraposición, que los valores compartidos socialmente no facilitan las ayudas mutuas, pues se da más valor a la persona que ayuda que a quien solicita esa ayuda y, además, por la perspectiva dominante que entiende el aprender como algo individual de cada niña o niño. Es así como se expone la necesidad de entender el aula como una red de ayudas mutuas que tenga a la base la idea de que enseñarle a un o una compañera es aprender para sí también, y es hacerlo con reciprocidad, en la medida que ayudar a otro es fomentarle a ayudar también.
Finalmente, se refiere la importancia de entender que no todo trabajo en grupo es sinónimo de trabajo cooperativo, pues para cumplirse esto último se necesita interdependencia positiva y responsabilidad individual. Por lo tanto, se plantea la utilización de métodos cooperativos para impulsar la capacidad cooperativa de las y los estudiantes y así transformar las interacciones en oportunidades de aprendizaje que abran los espacios a estudiantes antes excluidos, en la medida que se les acoge, acepta, valora y se les moviliza para aprender y enseñar en una dinámica recíproca que entiende el aprendizaje cooperativo como apoyo para la inclusión.
Comentario:
El aprendizaje cooperativo se vuelve importante y necesario como desafío para las y los profesores en la medida que permite pensar una posibilidad de llevar a la práctica la idea de inclusión educativa -y social-. Por lo mismo, es fundamental considerar la formación de esos docentes en cuanto a aprendizaje cooperativo y las oportunidades que entrega de poder trabajar con cuarenta y cinco estudiantes, como se da en las aulas chilenas, y el potencial que da para dejar de concebir el aprender como relativo a los resultados, pues la forma es tan -o más- importante que el fondo.
Citas de Interés:
“El aprendizaje cooperativo (…) necesita la diversidad. Es gracias a que los participantes de los equipos son diferentes que se pueden ofrecer ayudas para aprender.” (p. 96).
“(…) El aula convertida en una comunidad de aprendices, aunando aprendizaje e inclusión entre iguales, permite crear un microcosmos de lo que puede ser una sociedad más justa y democrática, que valora a todos.” (p.97).
“(…) Si conseguimos que los alumnos se den cuenta de que cuando enseñan algo a otro compañero es cuando mejor lo aprenden, habremos construido un aula donde los alumnos con más dificultades serán bienvenidos, porque también gracias a ellos -y a las ayudas que les ofreceré- yo tendré más oportunidades de aprender.” (p.101).
“Se trata, en definitiva, de aprender a gestionar las interacciones entre alumnos para que se conviertan en oportunidades de aprendizaje.” (p. 109).
Referencia APA: Durán, D. (2009). El aprendizaje entre alumnos como apoyo a la inclusión. En C. Giné (coord), La educación inclusiva. De la exclusión a la plena participación de todo el alumnado. Barcelona: Horsori.
Síntesis:
En este capítulo, el autor parte planteando la idea del aula como una comunidad participativa en la que todas y todos sus miembros aprenden por medio de un trabajo de mutua cooperación. Para ello, expone el aprendizaje cooperativo como una metodología para la inclusión en la medida que se vale de la diversidad en su potencial académico, en donde las diferencias individuales permiten interacciones que favorecen el aprendizaje.
A partir de esto, entonces, se propone también el reconocimiento y valoración de esas diferencias individuales -como la discapacidad o la interculturalidad- a través del trabajo y aprendizaje entre estudiantes en un contexto que se interesa, acepta y ocupa de sus capacidades y necesidades. Esto, agrega, permite la interacción en grupos inclusivos, generando en el aula una muestra de lo que podría ser una sociedad que valora la diversidad y en donde el aprendizaje cooperativo se trabaja como una herramienta que, desde el aula, permite pensarse como posibilidad para una transformación social.
En este sentido, se da cuenta del beneficio del aprendizaje cooperativo a través de estudios que lo posicionan como metodología para la inclusión de grupos con riesgo de ser excluidos, en donde se plantea el beneficio para estos -en ámbitos como el académico o socioemocional- de ser parte de dinámicas de tutoría, sobre todo en el rol de tutores, pues se asegura un aula inclusiva con participación efectiva.
Entonces, para lograr condiciones que permitan los valores de cooperación, se exponen seis factores que lo posibiliten. Los primeros dos hacen alusión al espacio, pues tanto la Oportunidad como el Clima Positivo se plantean para asegurar a las y los estudiantes en riesgo de exclusión la participación en los mismos lugares que el resto del estudiantado y generar en estos un reconocimiento a la diversidad. Asimismo, las cuatro restantes se erigen como necesarias para el desenvolvimiento de estudiantes en esos espacios, a saber, la Motivación para la Interacción en donde el aprendizaje se sitúa como experiencia que elimina los obstáculos que pueden obstaculizar la formación de una interacción; un Logro Académico que sea aceptado por las y los pares a partir de la facilitación de ayuda, apoyo que también debe darse para posibilitar el Mantenimiento y Generalización de las Relaciones vivenciadas en situaciones y con personas distintas a las del aula. Esto, teniendo en cuenta la promoción de aprendizaje entre iguales como manera práctica y reflexiva a través de las que estudiantes aprendan Competencia Social y Habilidades de Interacción básicas.
Estas son las condiciones que permiten el desarrollo de valores cooperativos en el aula, de los que el autor especifica tres: El Aula como Comunidad, al poder sentir al otro e involucrarse en sus dificultades y visualizarlas como propias. La Comunicación Abierta sobre las Singularidades de los Alumnos y las Actividades de Clase en la que estudiantes se vuelven partícipes en la búsqueda de soluciones de lo acontecido en el aula. Y la Disposición de Ayudas, en donde en vez de creer que la única ayuda posible es del profesorado, las y los estudiantes aprenden que pueden ayudarse mutuamente.
Se argumenta, en contraposición, que los valores compartidos socialmente no facilitan las ayudas mutuas, pues se da más valor a la persona que ayuda que a quien solicita esa ayuda y, además, por la perspectiva dominante que entiende el aprender como algo individual de cada niña o niño. Es así como se expone la necesidad de entender el aula como una red de ayudas mutuas que tenga a la base la idea de que enseñarle a un o una compañera es aprender para sí también, y es hacerlo con reciprocidad, en la medida que ayudar a otro es fomentarle a ayudar también.
Finalmente, se refiere la importancia de entender que no todo trabajo en grupo es sinónimo de trabajo cooperativo, pues para cumplirse esto último se necesita interdependencia positiva y responsabilidad individual. Por lo tanto, se plantea la utilización de métodos cooperativos para impulsar la capacidad cooperativa de las y los estudiantes y así transformar las interacciones en oportunidades de aprendizaje que abran los espacios a estudiantes antes excluidos, en la medida que se les acoge, acepta, valora y se les moviliza para aprender y enseñar en una dinámica recíproca que entiende el aprendizaje cooperativo como apoyo para la inclusión.
Comentario:
El aprendizaje cooperativo se vuelve importante y necesario como desafío para las y los profesores en la medida que permite pensar una posibilidad de llevar a la práctica la idea de inclusión educativa -y social-. Por lo mismo, es fundamental considerar la formación de esos docentes en cuanto a aprendizaje cooperativo y las oportunidades que entrega de poder trabajar con cuarenta y cinco estudiantes, como se da en las aulas chilenas, y el potencial que da para dejar de concebir el aprender como relativo a los resultados, pues la forma es tan -o más- importante que el fondo.
Citas de Interés:
“El aprendizaje cooperativo (…) necesita la diversidad. Es gracias a que los participantes de los equipos son diferentes que se pueden ofrecer ayudas para aprender.” (p. 96).
“(…) El aula convertida en una comunidad de aprendices, aunando aprendizaje e inclusión entre iguales, permite crear un microcosmos de lo que puede ser una sociedad más justa y democrática, que valora a todos.” (p.97).
“(…) Si conseguimos que los alumnos se den cuenta de que cuando enseñan algo a otro compañero es cuando mejor lo aprenden, habremos construido un aula donde los alumnos con más dificultades serán bienvenidos, porque también gracias a ellos -y a las ayudas que les ofreceré- yo tendré más oportunidades de aprender.” (p.101).
“Se trata, en definitiva, de aprender a gestionar las interacciones entre alumnos para que se conviertan en oportunidades de aprendizaje.” (p. 109).