Referencia: Slee, R. (2012). Consideración de otras
posibilidades: La escuela extraordinaria. En R, Slee (ed.), La escuela extraordinaria, 219-251. Madrid:
Ediciones Morata.
Autor: Cristóbal Ramírez V.
Síntesis:
En el presente capítulo, ya habiendo examinado exhaustivamente
los problemas que afronta la educación inclusiva y su implementación, Slee (2012)
nos presenta según su opinión y experiencias cuales son las tareas y propósitos
que se deben perseguir en pos de continuar el camino hacia la educación inclusiva.
En un principio nos presenta una vez más las características
del sistema educativo general (o como también lo llama escuela ordinaria) en tanto gobernado por una mentalidad o
racionalidad neoliberal, promueve la segregación y exclusión en base a la
impartición de valores competitivos e individualistas. También nos muestra las
falencias de la educación especial
como respuesta o solución ante la desigualdad, en tanto no cuestiona la estructura
del sistema educativo imperante, sino que replica la exclusión.
En seguida el autor comienza a exponer cuatro proposiciones
que considera fundamentales en el cambio paradigmático necesario para la
implementación de la educación inclusiva. En primer lugar, introduce la reformulación del campo, que consiste en
mirar críticamente el campo de la educación a la mano de investigaciones, para
identificar las principales problemáticas que obstaculizarían la educación
inclusiva, asumiéndola como objetivo político. En segundo lugar, propone el enderezar el lenguaje, refiriéndose a la
deconstrucción y reconsideración de la terminología empleada en las materias de
la educación inclusiva, tanto para no caer en errores como la estigmatización
en el caso de cómo nos referimos a los/as marginados de la educación ordinaria,
como en ambigüedades respecto a cómo se entiende la inclusión, para generar
políticas realmente consensuadas y conjuntas. En tercer lugar, el autor señala
que se debe investigar para la inclusión,
es decir, se deben establecer marcos de valores para la investigación tanto de
la inclusión como de la exclusión, separando, por ejemplo, la escuela especial de la escuela inclusiva, cosa que ya sabemos son
diferentes; y a la vez tener la transdisciplinariedad como un eje central y
necesario para poder entender la educación inclusiva como un asunto multidimensional,
y tomar acción en base a ello. Y, por último, Slee (2012) dirá que es necesario
revisar la educación, esto es
interrogar al neoliberalismo y sus implicancias en la educación que incluyen el
currículum, la pedagogía, la evaluación de aprendizajes, y la organización.
Para perseguir estas consignas el autor dibuja líneas de
acción o tareas que se resumen en las siguientes:
La tarea restauradora,
que tal como su nombre lo señala, consiste en poder hacerse cargo de todo el
daño producido por la educación neoliberal, es decir, desarraigar la
competencia, individualismo y éxito económico como valores centrales de la
educación. Asimismo, partir por otorgarle voz y velar por el reconocimiento de
quienes hasta ahora han sido marginados y excluidos, asegurando la participación
democrática en la educación, junto con incentivar la confianza hacia modelos alternativos,
así como también fortalecer la comunidad educativa que se ha visto perjudicada.
La tarea analítica,
la cual (muy similar a lo ya expuesto) consta de un análisis crítico de la
situación actual de la exclusión y de las políticas a llevar a cabo, con el fin
último de llevar al “público a la educación” (Slee, 2012, p. 239).
La tarea política,
que radica en el alineamiento y coherencia de la postura política referente a la
inclusión, con el debido cuidado de evaluar los efectos de estas en las
comunidades. Cuestionar las prácticas de las escuelas que puedan perjudicar a
los educandos, entre otros.
La tarea educativa,
que consiste en el establecimiento de valores educativos que contemplen el currículum,
las prácticas pedagógicas, la evaluación y la organización escolar, en aras de
establecer comunidades de aprendizaje auténticas, impulsando y resguardando la
participación cívica. También contempla la formación de docentes en esta materia
algo nueva para muchos y en última instancia crear una educación “para vivir en
el mundo y cambiarlo” (Slee, 2012, p. 240).
Y por último la tarea
de los valores, que circularmente plantea el establecimiento de horizontes
como la comunidad, la representatividad, el reconocimiento y la diversidad, así
como la lucha contra la violencia estructural del sistema educativo y en general,
y la formación crítica contra la dominación cultural.
El capítulo finaliza con un acápite pequeño sobre casos en
que se han construido y aplicado modelos de escuelas inclusivas exitosas, por
ejemplo, hacia pueblos originarios o indígenas de Australia en emergencia, o
con otro ejemplo similar en India, en los cuales se ha visto una escuela
conectada con necesidades de la comunidad, en donde se fomenta el
reconocimiento de las capacidades de sus estudiantes sin incurrir en las humillaciones
o estigmatizaciones (que al final son discriminación) y rebajarlos, sino rescatar
su valor.
Comentario:
Personalmente siento que este capítulo resulta
agradable de leer, pues aterriza aún más las cosas que se deben hacer ya, para
trabajar en pos de la inclusión educativa. Queda claro que el autor incluye los
ejes que considero más relevantes para lo que considero una educación humanizadora,
por ejemplo, el reconocimiento, la real valoración de la diversidad, la
participación y representatividad de cada uno, etc. Sin embargo, aún siento una
inconformidad puesto que no identifico líneas concretas de acción. El autor quizás
en ánimos de no imponer, ni atribuirse la autoridad respecto a lo que debe ser
la educación inclusiva, deja muchas cosas aún poco esclarecidas. De todas maneras,
es esta una contribución fundamental si a lo que trabajar por una educación
inclusiva se refiere.
Citas:
“… el futuro de la educación inclusiva será una continuación
de su pasado, una lucha contra la exclusión y la opresión. Sigue siendo una
lucha política para afirmar los derechos de todos al acceso a la educación, la
participación en ella y el éxito en la misma” (Slee, 2012, p. 221).
“La educación inclusiva debe manifestar en la práctica su
impaciencia y rechazar la falsa política de inclusión de minorías” (Slee, 2012,
pp. 223-226).
“Para construir la idea de educación y de la escolaridad
como un aprendizaje democrático será necesario que las escuelas repiensen los
enfoques de la planificación curricular, la pedagogía y la toma de decisiones”
(Slee, 2012, p. 245).
“… la escuela debe ejemplificar y ser un bloque de
construcción de la mejora social, sin aceptar la desigualdad y la injusticia
como algo natural ni como un bien social” (Slee, 2012, p. 246).

