Durante los últimos meses, en nuestro país se
ha dado relevancia a asuntos que históricamente han sido postergados o incluso
invisibilizado. El enorme margen de ingresos entre la población más pobre y la
más rica ha aumentado en los últimos años (Pinto, 2018) y deja de manifiesto una
brutal desigualdad que se reproduce en distintos aspectos de la sociedad.
También se han dado reflexiones a propósito de la exclusión, donde se ha
expresado que somos mayoría quienes no sentimos excluidos del sistema político,
económico y social instalado en nuestro país. De esta manera, “El baile de los
que sobran” de “Los Prisioneros” ha sido parte del cancionero de las
manifestaciones a lo largo del país.
Fuente: Canal de YouTube Oscar Pérez
Link: https://www.youtube.com/watch?v=YklpiCIwB5g
A unos más, a otros menos, lo cierto es que nos encontramos insertos en un sistema segregador que no solo excluye a quienes no se adaptan al sistema, sino que además les castiga. Así, por ejemplo, nos encontramos con la cárcel que, según Foucault (1975), funciona como un instrumento que perpetúa el sistema mediante el control de la población potencialmente insumisa al mismo. Para Loïc Wacquant (2000), esta lógica panóptica y punitiva del campo penal ha contaminado las distintas esferas de la sociedad. Ejemplo de lo planteado por Wacquant son las medidas de seguridad pública que toman los Estados (cámaras de seguridad, control preventivo de identidad, etc.), el seguimiento y creación de perfiles de beneficiarios de ayudas sociales (para poder optar a beneficios sociales, las personas deben entregar todo tipo de datos personales que los hace susceptibles de ser vigilados) y en materia educacional, la Ley Aula Segura (Ley 21.128) funciona en la lógica punitiva que se basa en la sociedad disciplinaria de Foucault.
Pues bien, el último ejemplo ilustra cómo las políticas públicas de un Estado neoliberal, como el chileno, apuntan a la exclusión, segregación y estigmatización, pues se criminaliza a un sector en particular del estudiantado chileno: aquellos/as que son víctimas de la brutal desigualdad en el país y, por tanto, víctimas también del sistema. Así, se establecen dos grandes grupos de estudiantes en nuestro país: los buenos estudiantes y los malos estudiantes, lo que llevado a la práctica, se traduce (salvo en contadas excepciones) en estudiantes ricos y estudiantes pobres.
Pero, sin cuestionar el sistema, muchas personas buscan el fracaso de los "malos estudiantes" en factores individuales como el desinterés, las distracciones, la ira, etc., sin tomar en consideración que cuestiones sociales como la clase socioeconómica, la etnia, la raza, entre otras, en el análisis del fracaso escolar (Slee, 2012). Ahora bien, lo problemático parece ser que, justamente, estos factores que quedan fuera del análisis del fracaso escolar, son los que fundamentan la segregación escolar: no hay que ser experto en educación para saber que en Chile existen colegios para ricos y pobres. Lo anterior, es algo propio de los Estados Neoliberales (Slee, 2012), lo que se entrecruza con el punitivismo de las ciudades. Mientras Wacquant (2000) habla de la segregación territorial en la ciudad neoliberal como forma de control y de reproducción del sistema, lo propio podemos encontrar en las escuelas.
Ahora, no se puede desconocer que en los últimos años, la preocupación por la inclusión ha ido cobrando mayor relevancia en el discurso político, sin embargo, esta inclusión se ha quedado estancada en el que Blanco (2006) denomina el primer paso para ejercer el pleno derecho a la educación: el acceso. El acceso al sistema educativo ha colmado la discusión sobre inclusión, sin embargo, es posible reconocer en esto un problema: niños/as y jóvenes acceden al sistema educativo, pero de forma segregada. En otras palabras, el acceso no termina de solucionar el desafío de la inclusión y aún más, no asegura que quienes ingresen al sistema educativo permanezcan en él. Esta última reflexión, nuevamente, no requiere de estudios en educación para tenerlo claro, de hecho, esta realidad ha sido plasmada en la ficción, como es el caso de la serie chilena "El reemplazante".
Fuente: Canal de YouTube Lito Vilches
Link: https://www.youtube.com/watch?v=kx3nlND7wEI
Cuando se analizan en conjunto, la educación y el derecho penal, dos materias que parecen sin ningún tipo de relación entre ellas, comienzan a establecer similitudes entre sí e incluso relaciones entre ellas. Ambas reproducen el neoliberalismo y sus consecuencias sociales (desigualdad, por ejemplo) a partir de la exclusión, la estigmatización y la privatización de derechos sociales. Sobre esto último, se pueden establecer vínculos entre ambas materias pues, la privatización de derechos sociales, como la educación, hace más difícil el acceso a tales derechos (que deben estar garantizados) y, de garantizar el acceso, lo hace en base a servicios precarios y de baja calidad. Pues bien, una de las acciones primarias que debiesen tomar los Estados, según estándares internacionales, para la prevención del delito es, precisamente, invertir en derechos sociales, como la educación, permitiendo que no sólo sea garantizado su acceso, sino que además se garantice su calidad y su carácter inclusivo.
Lo lamentable, es que el sistema neoliberal está tan inserto en nuestra sociedad, que sus valores han sido normalizados, de forma tal que muchas veces son, incluso, realzados. Esto se puede apreciar en que la lógica de consumo premia a quién posea más y mejores productos, siendo las riquezas monetarias un símbolo del valor de la propia vida de las personas (la persona cuya vida valdrá más sera aquella que tenga más riquezas). Otro ejemplo de estos valores es el individualismo, valor que ha permeado al sistema educativo, dejando de lado metodologías que apuntan a la inclusión, tales como el aprendizaje cooperativo descrito por Durán (2009).
Quisiera concluir refiriendo a que, pese a que la evidencia muestre que graves problemas, como la delincuencia, pueden ser prevenidos a partir de mayor inversión por parte de los Estados en materia de educación, que garantice acceso, calidad e inclusión, los gobiernos hacen caso omiso a esto, apuntando muchas veces a una política punitiva. Luego de la reflexión llevada a cabo, es posible inferir que esto no es casual, pues al Estado neoliberal le es conveniente la segregación por clases sociales e incluso la política punitiva (a pesar de que esta implica importantes gastos fiscales), pues mantienen el status quo del neoliberalismo y permite tener controladas a las poblaciones que son potencialmente insumisas. Es por esto, que se requiere un cambio del sistema político, económico y social para poder avanzar hacia acceso y calidad de derechos sociales y, por consecuencia, a una sociedad con menores índices de delincuencia.
Referencias
Blanco, R. (2006). La Equidad y la Inclusión Social: Uno
de los Desafíos de la Educación y la Escuela Hoy. Revista Electrónica
Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación, 4(3), pp. 1-15.
Durán, D. (2009). El aprendizaje entre alumnos como apoyo
a la inclusión. En C. Giné (coord), La educación inclusiva. De la exclusión a
la plena participación de todo el alumnado. Barcelona: Horsori.
Foucault,
M. (1975) ‘La Prisión’ en Vigilar y
Castigar: Nacimiento de la Prisión, Siglo XXI Editores, Argentina.
Ley N° 21128. Diario Oficial de la República de Chile, Santiago, Chile, 27 de diciembre de 2018.
Pinto,
C. (21 de agosto de 2018). Fundación Sol por encuesta Casen: “Los distintos
gobiernos han mantenido un modelo que produce enormes desigualdades”. El
desconcierto. Recuperado de https://www.eldesconcierto.cl/2018/08/21/fundacion-sol-por-encuesta-casen-los-distintos-gobiernos-han-mantenido-un-modelo-que-produce-enormes-desigualdades/
Slee, R.
(2012). Consideración de otras posibilidades: La escuela extraordinaria. En R,
Slee (ed.), La escuela extraordinaria,
219-251. Madrid: Ediciones Morata.
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